lunes, 13 de junio de 2011

LA RUTINA DIARIA DEL SR. NADIE: salir afuera puede ser duro


El señor nadie agarra el puño del paraguas. Dedos con la piel pegada al hueso, macilentos y cortos, rodean la falsa caña simulada del mango. Y antes de salir de la casa encharcada en combustibles multicolor, deja caer una cerilla. Prende, cómo no, prende y arde como la yesca.

(¿Que por qué escribo, gilipollas? Por lo mismo que me afeito, me drogaba, follo o juego con fruición a videojuegos; por lo mismo que existo: para no ser yo)

Antes (qué ingenuo) creía que cuando terminara la novela, todo sería virtud y calma. ¡Y una enorme polla gris, escamosa y llena de volcánicas erupciones cae al suelo y me dice que no! Que no soy un escritor, que soy un escapista; un yonqui de dejar de ser yo.

Porque duele.

Ser yo duele de cojones. Todo es vergüenza, fulgores hirientes y mierda en pus. Todo virtuosismo del inútil dolor que no cesa por mucha mierda que escriba o por mucho que me cambie el peinado... no hay ego-tours, amigo. A usted le ha correspondido ser un individuo doliente y llorón, ridículo como un boceto fallido de Crumb. Un falsario, un pirata, un ser humano anormal y por el que pasan demasiados watios de corriente ¡Y me quemo! ¡Y ardoooo! Y a todo el mundo le pasa lo mismo pero en pequeñas y sostenibles dosis; pues a mí no. No tengo suficiente con la primera novela. Por eso obligo al Sr. Nadie a incendiar su casa con todita su familia en medio del salón, maniatados y noqueados, sangrando y ardiendo, todita su familia muriendo como crepes olvidados en la sartén.

Qué bien, se dice el Sr. Nadie. Volcánicas lágrimas brotan del más pequeño de sus hijos que aún es un feto en el vientre materno (y su madre moja braga). Y el Sr. Nadie, todo envidia de los no sensibles --de piedras y vegetales con retardo--, guiña un ojo y desaparece tras la puerta que se cierra dejando a un lado el infierno y al otro, a sus vecinos perfumados y apestando el ambiente a químicos... plac, chasquea la lengua seca del Sr. Nadie contra la dentadura postiza mal encajada.

Para eso escribo... para que se sientan peor de lo que yo me siento y puedan hacer lo que yo nunca querré hacer; chasquear la lengua. Que es el leit motiv de mi obra por si nadie se había percatado...

...y aún no tengo suficiente. El Sr. Nadie es pequeño y delgado, tan sólo porta consigo un paraguas, su traje rojo --que de chillón va tumbando epilépticos según se los cruza-- y un gabán, no vaya a llover y el viejo paraguas agujereado no sea suficiente para proteger el rojo chillón y que no se torne granate como el sofá y la carne que ha dejado ardiendo en casa. Qué bien, ¿no?

Pues no. Esto va para largo y si no, al tiempo... otro día os contaré como el Sr. Nadie se hizo con un sombrero en forma de hongo: mató sólo a dos personas; una ganga, diría el Sr. Nadie. 







El Sr. Nadie y su flor del mal: Pobre de aquel que escandalizare...



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